El Señor PIP
EL SEÑOR PIP
He leído muy a gusto esta novela de Lloyd Jones, escritor neo zelandés, nacido en 1955. No lo conocía de nada. Pero escuché la recomendación de nuestra doctora profesora de Lengua t Literatura del colegio Larraona. Estoy contento de haberla leído. No es de las novelas en las la acción te lleva atado del cuello. Pero te incita a seguir leyendo. Es el personaje narrador y su punto de vista de niña negra de una de las islas de por ahí. Naturalmente cuando escribe ya está enseñando y acabando la tesis sobre su autor preferido Dickens. Por eso las palabras e ideas van más allá de la niña negra de isla abandonada salvo por un excéntrico blanco casado con una negra.
Yo no quiero desvelar el suceso, la aventura. Me parece que lo que importa es el poder trasformador de la literatura. Al menos su posibilidad, por encima del propio libro y de quien te lo enseñe. “En PIP encontré un amigo. Me enseñó que puedes ponerte en la piel de otro, como si fuese la tuya, incluso cuando esa piel es blanca”. Por eso me parece atractiva la novela. Los hechos que suceden alrededor vienen a corroborar esta posibilidad, este trasvase, este horizonte de transculturalidad. No importa en qué cultura se haya escrito algún libro. Todos pueden ser leídos por todos. Pero no necesariamente ven lo mismo unos lectores u otros.
Otro aspecto que me parece interesante en la obra, aunque sea lateral, es la posibilidad de enseñarnos unos a otros, de realizar un aprendizaje cooperativo. Fue la necesidad la que creó el órgano. No había maestro y sólo un libro. ¿Se puede aprender y crear un mundo y sobre todo a ser persona y tener dignidad en esas condiciones? En la novela sucede y es un buen ejemplo. Y mejor no decir más. Enamoraos de los personajes. La última parte es más la explicación de cómo se ha escrito el libro y la justificación indirecta de él. Por eso el interés decae un poco. Como si fuese un epílogo. Al menos esa impresión he sacado yo.

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